Por Sandra Páramo
Esas fueron las palabras del entonces presidente de México, Adolfo Ruiz Cortínez, en la inauguración del mercado de Jamaica el 23 de septiembre de 1957. Con un costo de 10 millones de pesos, se construyeron 36 mil metros cuadrados para ubicar a 545 locatarios ordenados en tres mercados: Jamaica comidas, zona y mayoreo, nombrado después como Jamaica vive.
Los años cincuenta y sesenta del siglo pasado fueron un periodo de expansión para los mercados públicos, en correspondencia con la época de mayor crecimiento de la Ciudad de México. En ese tiempo se inauguraron alrededor de 38 mercados y se le entregaron a unos 20 mil locatarios modernas instalaciones con una inversión de 162 millones de pesos. Sin embargo, la construcción del mercado de Jamaica fue el producto de una primera lucha relacionada con el origen del mercado y las condiciones en las que se encontraban sus comerciantes.
El nacimiento del mercado se remonta a la época colonial, precisamente en la garita de la Viga, es decir, en una construcción que servía de “aduana” donde los campesinos indígenas de los pueblos del sur como Xochimilco traían en sus embarcaciones toda clase de flores, verduras, frutas y otros comestibles para comerciar y justamente hacían un alto en ese lugar para pagar los impuestos por la introducción de mercancías a la ciudad.
Para los años 40 del siglo pasado, Jamaica era tan solo un conjunto de puestos de madera y lámina de cartón donde se vendía de todo un poco, pero sobre todo flores, verduras, frutas y demás productos comestibles. En esos años, el regente del Departamento del Distrito Federal, Fernando Casas Alemán, había anunciado la construcción del mercado, pero pasó el tiempo y tales obras ni siquiera comenzaron.
El 16 de mayo de 1952 el precario mercado de madera y cartón se quemó, las y los locatarios afectados realizaron un mitin en el Zócalo demandando al presidente Miguel Alemán la rehabilitación de su mercado, créditos para poner en marcha sus negocios y la necesidad de construir un mercado digno.
No es hasta 1957 cuando sus exigencias al gobierno se consolidan en un mercado con modernas instalaciones construidas por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Félix Candela, cuyas obras más emblemáticas de ambos fueron el estadio Azteca, el Museo Nacional de Antropología e Historia, el Palacio de los Deportes y la nueva Basílica de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, el terremoto de 1985 derrumbó una parte del mercado. Previo a eso, en 1983, el presidente Miguel de la Madrid emitió un decreto para el reordenamiento del comercio, publicado en el Diario Oficial el 4 de agosto, donde estipuló que los mercados de mayoreo fueran absorbidos por la Central de Abastos. El terremoto le había dado al gobierno un excelente pretexto para no reconstruir el mercado y reubicarlos en la zona oriente de la ciudad.
Las y los locatarios del mercado tendrían que defender nuevamente su derecho a tener un mercado digno, tanto para sus clientes como para sus familias. Tanto productores como comerciantes se unieron para exigir la reconstrucción. En su lucha realizaron marchas y plantones frente al Congreso de la Unión como en el Zócalo:
–¡Jamaica Viveeee! ¡Jamaica no se vende!
Volteamos hacia atrás y no se veía el final de la marcha. En esos momentos supimos que juntos podríamos lograr lo que fuera y que la palabra cansancio no existía para nosotros”.
Desde ese tiempo, el mercado reconstruido fue bautizado como Jamaica vive, además de constituirse como autogestivo, es decir, con la capacidad generar y administrar sus propios recursos. A la fecha, sigue siendo un mercado emblemático para la ciudad con grandes retos como la adopción de las nuevas tecnologías para su actividad comercial, la competencia desleal de las tiendas de conveniencia y la actual crisis sanitaria del coronavirus.
1 Valentina Ortiz, Historia de un mercado. Jamaica vive, Ed. Jamaica Siempre Vivirá, A.C., México, 2013, p. 85.
